Las redes sociales y la Web 2.0
En el transcurso de los años 2005 y 2006 diferentes medios de comunicación se han hecho eco del fenómeno Web 2.0, justificado en gran medida por el alto nivel de tráfico de sitios de interacción social y los altos ingresos de algunos Websites emblemáticos en miles de millones de dólares.
Pero ¿sabe usted lo que es la Web 2.0? Si la respuesta es negativa, por favor conteste a estas preguntas:
¿Alguna vez ha utilizado Google Maps?, ¿Ha visto algún vídeo de YouTube?, ¿Tiene un perfil en MySpace?, ¿Se ha paseado por las calles de Second Life?
Si es así, usted ha experimentado la Web 2.0, aunque aún no sepa definirla. Si realizamos una búsqueda en Google del término “Web 2.0″, obtenemos aproximadamente mil millones de referencias. Como suele ocurrir siempre que aparece un concepto nuevo, existen posturas encontradas. Mientras que la Web 2.0 despierta el interés de usuarios y programadores en todo el mundo, otro grupo no sólo se declara escéptico, sino incluso irritado. Para ellos, el fenómeno es sólo una moda publicitaria, destinada a vender servicios ya existentes bajo nuevos nombres.
Moda o no, está claro que el término acuñado por Dale Dougherty (de O’Reilly Media) en el año 2003 no deja indiferente a nadie en el mundo de Internet: miles de blogs, wikis y páginas web inundan la Red con comentarios entusiastas o escépticos con respecto a la Web 2.0.
Pero ¿qué es Web 2.0? Quizá el término pueda llevar a equívoco; por tanto, comencemos por lo que no es. En contra de lo que pudiera parecer, la Web 2.0 no es una nueva versión de la Web, ni un protocolo de comunicaciones, ni un nuevo lenguaje de programación. Ni siquiera se trata de algo vinculado únicamente a Internet. La Web 2.0 es una nueva filosofía de hacer las cosas y, por ello, no es de extrañar que, en el ámbito tecnológico, los estándares sobre los que se apoyan las aplicaciones y los servicios Web 2.0 existieran mucho antes de acuñarse el concepto. Gracias a las facilidades, evolución y gratuidad de tecnologías que antes eran inaccesibles para la mayoría de los usuarios, se están fomentando las redes sociales y la participación activa. El sitio web deja de ser un objetivo en sí mismo -el fin último de la interacción con el usuario-, para convertirse en una plataforma que posibilita la interrelación entre usuarios, miembros activos de una comunidad que comparte un interés o necesidad afín. Gracias a esto, el usuario tiene un papel activo: ya no sólo accede a la información, sino que además aporta contenidos y conocimiento.
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